Creo que ha llegado el momento de confesar algo.
Ya sé que no es la primera vez que os confieso algo...
Me acuerdo de que en una ocasión confesé por qué me gusta el rosa... y de que en otra desvelé mi incapacidad para hacer sándwiches helados...
Pero la confesión de hoy es, quizá, la más sorprendente de todas.
